La verdad sobre el peligroso juego “Charlie Charlie”. No lo vas a creer!

El juego de dos lápiz implica cruzar dos bolígrafos o lápices para crear una cuadrícula (con sectores etiquetados “sí” y “no”) y luego haciendo preguntas de una “entidad sobrenatural” llamado “Charlie”. Se espera entonces El lápiz superior a girar para indicar la respuesta a tales preguntas. La primera pregunta que todos nos hacemos hablando en los lápices es “¿Podemos jugar?”

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El lápiz superior es precario equilibrio en un punto de pivote central, lo que significa que puede girar fácilmente en el pivote, debido a las ráfagas de viento leve, o la respiración de los jugadores que esperan el lápiz para mover.

CHARLIE

La frase para convocar al supuesto demonio es: «Charlie, Charlie, ¿podemos jugar?» Si el lápiz apunta hacia la inscripción «Sí», es porque seguirá contestando preguntas. Sin embargo, la explicación es mucho más sencilla que una fuerza demoníaca hablando con nosotros, lógicamente.

Cuando se viralizó el juego entre niños y adolescentes, comenzaron a salir advertencias de todo tipo contra el juego que invoca al espíritu de “Charlie”, que parecía ser una versión más económica que el tablero ouija, -un par de lápices y una hoja-, a través del cual se podría entrar en contacto con espíritus de muertos.

Si bien el espiritismo con todos sus juegos, desde la Ouija, la copa, o lo que inventen, es un fraude constante, crece la credulidad en estas cosas y reina la confusión espiritual en nuestros días.

Psicólogos, sacerdotes y educadores se preocupan porque muchos niños y jóvenes comenzaron a jugar a “charlie, charlie” con las mismas intenciones que cuando juegan a la Ouija o al juego de la copa. Y tienen razón, por el daño psicológico y espiritual que ocasiona la práctica espiritista a muchas personas, especialmente a los más jóvenes.

Pero lo primero que hay que advertir, es sobre la influencia que hoy tiene una campaña publicitaria para generar un fenómeno de esa magnitud. ¿Nos creemos cualquier cosa? El cuento de “Charlie” pertenece a la ficción, pero la credulidad y el interés por lo oculto que manifiestan los jóvenes, es un problema social que hay que atender.

 

 

 

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